Esa droga llamada cariño
Esa droga llamada cariño.
Levantarse temprano. Salir. Llegar a la oficina. Trabajar.
Mientras, charlar con compañeros. Me siento molesto porque tengo mucho para
hacer pero bueno, hay que charlar. Se mezclan algunas anécdotas del finde algo
desganadas, con algún topico del clima y la gripe que se esta agarrando todo el
mundo (yo inclusive, lo que me hizo perder días de trabajo). Yo estoy desganado
por charlar pensando que tengo una reunión a las 15 (en 6 horas) y tengo miedo
de no llegar porque Caro es exigente.
Moría el tema y casi al final de la situación, los últimos comentarios dejaron
flotando y bien visible (o al menos para mi era muy claro) un comentario
gracioso sobre las resmitas.
Resmitas les dicen a unas muestras de papel muy pequeñas, por lo que parecen
resmas muy chiquititas. Y para que uno querría resmitas pensé yo? Y me contesté
en voz alta y hacia la figura de mis compas que ya estaban en 45 grados,
tomando como base su compu.
“Para las impresoritas”. Se volvieron todos pegando un alarido de risa
tremendo. Se acercaron compañeros de otros equipos solo a reírse y seguir
charlando. Y seguimos conversando holgadamente unos 10 minutos mas. Hasta que
ya, digamos, relajados, volvimos al trabajo.
Sigue mi día, un poco mas animado, pero concentrado en la
reunión y en mi presentación. No abre movido un musculo entre las 10 y las
14hs, porque cuando termine y me levante me sonó todo. De todas formas me
sentía superman. El que puede con todo. Al que le tiran una heladera y te la
cabecea. Implacable cual Miroslav Klose pero de los informes y las
presentaciones.
Comer apurado. Meterse en la reunión. Que te pateen la reunión. Adelantar otras
cosas. Que se hace la reunión. En el mientras te llama tu viejo para contarte
que Central juega el sábado y que está peleado Somoza con Vecchio porque lo
mandó a adelgazar y a este otro mucho no le hizo gracia. A mi si me da gracia.
Creo. Nos saludamos. Vuelvo.
Reunión OK. Cambiar un par de cosas, volver a reunirse y mandar la presentación
al negocio. Es la gran chance de cumplir un objetivo importante que suma puntos
para el cobro del bono en Mayo (en un par de meses).
En el interin cuando charlaba sobre si el sobrepeso de los futbolistas afectan
el rendimiento con mi progenitor, me puse a buscar el horario de la formula 1
(de la cual mi viejo es fanático) que el domingo corre en Australia y siempre
es de madrugada. En eso me llego otro llamado. Un cliente, de los que tengo
aparte, para juntar unos mangos mas.
Al tipo se le murió un socio y esta con canas verdes. Lo conozco desde los 3
años, padre de un amigo de la infancia. Es de esas personas hiper inteligentes,
pero de una voluntad infinita. La libido en su trabajo. Familiero, DT del
equipo de basquet, cariñoso, atento, y seguramente hinchado los huevos. Pero
como tiene esa voluntad infinita, sigue. Ni siquiera aparenta estar harto. El
sigue. A los casi ya 60, luego de dos preinfartos y una contractura lumbar que
lo tumba dos o tres veces por semana, es un ejemplo de lucha y de que con
huevos y siendo inteligente, podes llegar muy lejos.
No hay tiempo. Lo llamo. Para el lunes la rendición de la sucesión de un
cliente. Ya tengo todo porque el finde pasado el domingo a las 19hs no tenia
nada mejor que hacer que ponerme a bajar comprobantes de pago de ARBA. OK.
Llego tranqui. Me siento una maquina, y siento que es con el sentido positivo
de la palabra. Hasta lo había previsto. Animal. Ya empiezo a tocar ese punto
donde pensas que debes enseñarle algo a la gente, casi como una devolución de
tu éxito.
Llamado de arriba. Subo. Me equivoco, era de abajo. Bajo. Era el negocio, que
necesita un numero de la proyección de la presentación del periodo anterior
pero no el reproyectado si no el original en pesos pasando los gastos en
dólares al tipo de cambio de hoy y trayendo esos pesos por inflación a las
tasas que pasa finanzas. En finanzas trabaja Hugo. Es buen tipo Hugo, pero
siento que trabaja demasiado y no sale de su entorno.
Revisamos los números con Lau y cuando sacamos los dos o tres primeros meses,
ya no recuerdo si le cuento o me cuenta una anécdota y entramos a reírnos a
carcajadas, y con cierta relajación. Con cierto “labure como un perro todo el
día, me merezco esta risa y este tiempo”.
Con muchísima velocidad llegamos a hablar de que un compañero se va. Otro
laburo, para afuera. Pagan en dólares. Trabaja desde la casa. “La pego”.
Asentimos. Seguimos.
La hora. Puta, nos olvidamos. Volvemos a trabajar. Ella se tiene que ir 17.30
porque tiene medico y yo…yo no tengo nada que hacer pienso. Asique terminamos
lo que teníamos que hacer. Ella salió antes, y yo volví a mi oficina.
Con toda la paciencia del mundo lave mi mate, ordene mis petates y sali a eso
de las 18hs.
Fue raro cuando volviendo en el subte, en 20 minutos intenté organizar un viaje
de vacaciones en moto, ensayar periódicamente todas las semanas con la banda
que tenemos con amigos (y que hace un montón no ensayamos), compre ropa en unas
paginas de Instagram que eran muy piolas y estaba baratísimo. No, no lo
compare, porque estaba en el subte y no tenia tiempo.
Llegue a casa, y luego de bajar unos cambios, me duche y
empecé a trabajar en la presentación del lunes. Ya no se bien en cual, pero lo
tengo que hacer. Lo empecé a hacer. Empecé a quedarme mirando la tele. Empecé a
abrirme una cerveza y tocar unos temas viejos de la renga. Empecé a reírme de
unos videos de tiktok. Empecé a cocinarme unas milanesas con huevo frito. Me
hice una paja, claro.
Hasta que me senti desolado. De repente. La responsabilidad
ya no está. Porque la cumpli o no la cumpli y mucho no me esta importando. No
está. Tampoco esta esa adrenalina de la contestación punk. Solo estaba yo, acá,
con la pc enfrente, un partido de libertadores de fondo y trufi que me busca
para dormir.
Y me acuerdo del chiste de la mañana. Me rio solo. Me acuerdo de lo gordo que
está Vecchio y de las risas con lau.
Me voy a dormir que mañana madrugo. Chau.

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